Cómo manejar con éxito el perfeccionismo

Perfeccionismo 1

Una de las características de personalidad en la que muchos caemos es el perfeccionismo, sobre todo si te esfuerzas por ser cada vez mejor profesional y mantenerte al día.

Si sigues usando el enfoque clásico de “fortalezas y debilidades” es muy fácil ver el perfeccionismo como un problema; una de tus debilidades. A mi me gusta más usar un enfoque de “características fuertes y débiles” y desde esta perspectiva el perfeccionismo suele ser una característica bastante fuerte, es decir, algo que si sabes usar se convierte en un potente recurso y, si no sabes gestionarlo, una fuente de complicaciones.

Voy a invitarte a que dejes de verlo como una de tus debilidades y empieces a usarlo a tu favor. Lo que quiero contarte hoy es una forma fácil y eficaz de manejar tu perfeccionismo para convertirlo en una de tus fortalezas y que no vuelva a darte problemas.

Uno de los principios básicos del éxito es el Kaizen, la mejora constante; una de las características que todo profesional y organización de éxito han de tener. El perfeccionismo es solo Kaizen alocado, sin planificación ni metas. Kaizen descoordinado.

Imagina por un momento que tu y yo nos encontramos en una carretera. Se extiende delante tuya hacia el horizonte y yo te pido que eches a andar “hasta que hayas llegado lo bastante lejos”. Tu te pones a andar y cuando llevas un kilómetro miras a tu alrededor…

  • ¿He llegado ya bastante lejos? – te preguntas – Umm, no lo se. La carretera sigue… Todavía se puede ir más lejos. ¿y si sigo un poco más?… Si, creo que continuaré un poco.

Y sigues andando.

Un rato más tarde vuelves a hacerte la misma pregunta y pasa lo mismo.

  • No se si ya estoy lo bastante lejos. He recorrido bastante pero todavía puedo ir más lejos… ¿Qué hago?.

Una persona no-perfeccionista se diría que ya está bien de caminar y pararía pero la persona perfeccionista es distinta. Suele tener alguna regla interior, una regla personal muy exigente. Una regla que le dice “tienes obligatoriamente que llegar lo suficientemente lejos” o, traducido a nuestro día a día… “tienes obligatoriamente que hacerlo bien (hacerlo bien, ofrecer un servicio de gran calidad, ser muy bueno en lo tuyo, ofrecer un gran producto, etc)”.

Eso en si mismo no es malo. Es muy exigente y podría ser más adecuado relajar un poco el nivel de exigencia personal y tomarte la vida con más tranquilidad, pero no es de por si un problema. El problema está en que no has definido lo que es “suficientemente lejos”. No tienes marcas de referencia que te digan a dónde vas ni dónde estás. Por eso jamás sabrás si ya has llegado a dónde quieres ir, ya que ni si quiera sabes a donde deseas llegar y, como te obligas a llegar necesariamente hasta allí, jamás podrás parar.

Si yo tengo obligatoriamente que recorrer veinte kilómetros, vale, tendré que hacerlo a la fuerza pero cuando alcance el mojón de los 20 Km me pararé. En cambio si me digo “tengo que mejorar hasta ser muy bueno en lo mío” ¿dónde está el mojón, el punto que indica que ya soy bueno en lo que hago?.

El perfeccionismo es “mejora continua, sin haber definido objetivos concretos a alcanzar y sin indicadores de referencia que te digan cuando has alcanzado esos objetivos”.

¿Cuál es esa forma fácil y eficaz de manejar y aprovechar tu perfeccionismo?.

Sencillo. Establece objetivos e indicadores.

El método que te propongo es éste:

  1. Área de Mejora. Primero escoge el área en el que quieres mejorar para poder hacer algo que te has propuesto como por ejemplo empezar a ofrecer un servicio. ¿En qué área vas a mejorar?.
  2. Razón para mejorar. Luego define por qué y para qué quieres mejorar en esa área; tu razón para ello. Conocer tu motivo para hacer algo es lo que te dará motivación y constancia. ¿Para qué vas a mejorar?. ¿Qué deseas hacer o lograr?.
  3. Objetivo. El tercer paso será definir, en esa área, lo primero que deseas poder hacer; tu objetivo inmediato. ¿Cuál es la primera meta a la que llegar?.
  4. Nivel a alcanzar. Ahora determina hasta qué punto has de mejorar para poder hacer eso, por ejemplo el nivel de preparación mínimo que te hace falta para entregar ese servicio. Piensa en tres cosas: qué necesitas, qué tienes ya de eso que necesitas y qué tienes que adquirir. Tu tarea aquí es determinar qué mejoras concretas precisas y hasta qué punto has de mejorar.
  5. Indicadores. Es conveniente establecer unos indicadores que te digan cuándo has llegado. ¿Qué te dirá que ya tienes esa preparación mínima necesaria?. Por ejemplo, para ser capaz de dar una sesión de coaching yo se que tengo que saber hacer A, B, C y D. Son mis indicadores. Si se cumplen todos se que estoy listo.
  6. Plan de acción. Es hora de pasar a la acción. Prepara un plan en el qué recojas qué vas a hacer para adquirir eso que necesitas y cómo vas a hacerlo. ¿Cómo vas a mejorar (tu, tu departamento, tu relación, tu producto…)?.
  7. Acción. Aprende y mejora siguiendo tu plan de acción hasta alcanzar el nivel que has marcado.
  8. Ejecución. En cuanto llegues al nivel empieza a hacer eso que definiste en el punto 3 (ej. ofrecer el servicio) y no esperes a mejorar aún más. Cuado alcances el nivel supera el miedo y no te digas “voy a esperar un poco más para asegurarme”. Sal al terreno a comprobar si realmente estás listo.
  9. Si descubres que aún no lo estás reajusta el nivel y sigue mejorando. Si lo estás, marca tu próximo objetivo y el nivel que necesitas alcanzar para él; vuelves a 3 y repites el ciclo.

Vamos a verlo en un ejemplo…

Carla sentía que no tenía la forma física que le hubiera gustado. Desde pequeña tenía el sueño de correr una maratón y llevaba años postergándolo porque nunca estaba suficientemente en forma. Un día Carla se propuso coger por fín el toro por los cuernos y prepararse para la carrera. Primero escogió el área de mejora: su forma física general y su capacidad de correr largas distancias. La razón para mejorar fue inscribirse en la maratón de su ciudad. El objetivo inmediato, la primera meta que se fijó, fue ser capaz de correr una carrera popular de 10 kilómetros. El nivel a alcanzar lo puso en correr 15 Km. seguidos; si podía recorrer esa distancia podría terminar la carrera. Carla diseñó un plan de entrenamiento concienzudo y comenzó a llevarlo a la práctica. Cuando por fín empezó a llegar, durante su entrenamiento, hasta la distancia fijada se apuntó a una carrera de 10 Km. Llegó el día y comprobó que era capaz de terminarla; acababa de alcanzar el primer nivel de su proyecto de mejora. Después de celebrar el éxito marco el siguiente objetivo en correr una media maratón, diseñó su nuevo plan de acción y se lanzó con entusiasmo a por su nuevo reto.

El inconveniente del perfeccionismo, lo que lo convierte en una debilidad, es que te inmoviliza haciendo que postergues eternamente. Para poder hacer X necesitas “estar listo” pero como no sabes cuándo puedes decir que lo estás nunca podrás hacer X y, como X es importante para ti, tampoco puedes renunciar a hacerlo. Es un bucle sin fin.

Con esta estrategia que te cuento se soluciona el problema ya que vas marcando los niveles de conocimientos y preparación que necesitas para poder decir “ya estoy listo”, o los grados de calidad que ha de tener tu producto o servicio para poder decir “ya es lo bastante bueno”.

Perfeccionismo 2

Piensa en los niveles como en las salidas de la carretera. En el punto Nº1 tienes la salida en la que empiezas a entregar tu producto o servicio básico. En la salida Nº2 entregas tu producto mejorado. En la salida Nº3 una versión aún mejor. En cada nivel de mejora alcanzado tienes una salida al mundo real, lo que significa que empiezas a hacer aquello para lo que necesitabas llegar hasta ese nivel de desempeño o de calidad.

Mientras no alcanzas el nivel sigues aprendiendo y en cuanto lo alcanzas, estás listo y pasas sin demora a la ejecución, a hacerlo.

Sencillo y eficaz.

Desde ahora no tienes perfeccionismo, tienes mejora constante gestionada estratégicamente; una de tus mayores fortalezas.

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